Easy Rider III: Destination Asturies
August 11th, 2010 by RedWarriorAtención: Este post es largo, aburrido y con las mismas referencias de siempre al heavy metal, al lado oscuro de la fuerza y a la relación entre el número e y los números imaginarios. De igual manera es posible que alguno de los hechos (o todos) sean exagerados, deformados y/o sustituidos por otros hechos que hayan ocurrido en otro punto del espacio-tiempo, o que directamente no hayan ocurrido en este universo. El que avisa no es traidor.
Parte I: Planificación
En un principio la idea era ir a una fiesta que se llama “xiringüelu”. La mayoría de las fiestas en la península ibérica (y probablemente también fuera de ella) consisten en emborracharse brutalmente, pero es costumbre que tengan una excusa más o menos convincente, por poner un ejemplo fácil y rápido, en los San Fermines la excusa son los toros. Tú le dices a tu madre y/o novia que vas a ver los encierros y a hacer turismo rural, y lo que realmente haces es ir a beber calimocho como un autentico desgraciado. Sobra decir que últimamente las madres y novias ya saben de que va el tema, y con fiestas tan famosas como la citada es casi imposible que cuele nuestra excusa barata.
Resulta que el “xiringüelu” es una de esas fiestas que no tiene excusa, es directamente ir al “prau” a beber en este caso sidra como si fuera el fin del mundo. Maki asegura que San Fermín a su lado es una mariconada.
Por motivos que no vienen al caso al final no pudo ser el “xiringüelu”, así que la cambiamos por otra jarana del mismo calibre: “La Fiesta de Les Piragües”. Esta juerga si que tiene coartada, el descenso del río Sella en piragua, aunque de la misma manera que en San Fermín lo más probable es que no veas ni un toro, en Ribadesella no ves ni una sola piragua, pero si tu madre y/o novia no lo conocen puede que se crean que vas a descender un río en piragua. La realidad sin embargo es bien distinta:
Hordas de hijos de puta venidos de todas partes de España ocupan la ciudad plantando tiendas de campaña en rotondas, aceras y prados, dispuestos acabar con las existencias de sidra de todo el Principado de Asturias, para luego mearla en el primer sitio que pillen, dejando el ciudad entera con un hedor entre orín y sidra rancia que ríase usted de los vapores de Mordor. Me encanta.
Parte II: Viaje Madrid-Ribadesella
Estaba previsto que saliera el jueves 5 de Agosto por la mañana, pero Murphy tenía otros planes para mi. El miércoles por la noche un amigo se quedo sin refrigerante en el coche y tuve que ir a llevarle una garrafa de anticongelante. Serían sobre las 3 de la mañana, así que lo de acostarme pronto como que no. De camino hacia una gasolinera un taxista me avisó que tenía el piloto de atrás fundido. Al día siguiente después de haber cambiado la bombilla se me rompió el cable del embrague. Cuando llegue a casa fui a imprimir un mapa con la ruta que debía seguir, pero la impresora no funcionaba. Había dormido poco y era ya tarde para hacerme 500 km, además de que los acontecimientos anteriores sólo podían ser una señal de que el Jueves no era un buen día para salir, así que decidí dejar el viaje para el Viernes.
El viernes al ritmo de Runnin Wild emprendía la marcha dirección Asturies. Iba tan felizmente por la M-40 que se me pasó la salida de la A-6. Empezábamos bien, ni 20 km y ya me había equivocado. Por suerte no hubo más incidentes hasta Valladolid, donde paré a descansar y tomarme un pincho. No sé como cojones en los 20 metros que separaban el bar del sitio donde aparque la moto perdí uno de los guantes. Sí en el viaje a Valencia me queme los brazos por ir en manga corta con guantes esta vez me queme las manos por ir sin guantes.

Puerto de Pajares
Parte III: Ribadesella
Sólo sé que apareció esta foto en mi facebook, el resto es como un recuerdo borroso.

Observar mi cara de concentración máxima, a punto de alcanzar el nirvana.
Parte IV: Ribadesella-Salas
El Sábado por la mañana con una resaca de las buenas partía hacia el pueblo de Maki, que está cerca de Salas. Paramos en Oviedo a Comer y de paso a comprarme unos guantes, que ya tenía las manos que casi casi se veía el hueso. Después de coger la autopista equivocada (menos mal que me di cuenta a los 30 km) llegue sin mayor dificultad al destino. Un remanso de paz y tranquilidad entre las montañas.

Vistas desde la casa de Maki
Parte V: Salas-Madrid
Habiendo pasado unos días de relax y habiendo hecho algún pequeño paseo por el monte, el lunes por la tarde volvía a Madrid. La vuelta transcurrió sin nada remarcable que contar, salvo que subir un puerto por la noche es una putada, no se ve un carajo. En total hice unos 1300 km con mi pequeña, que se porto todo lo bien que cabía esperar.
Como ultimo apunte, agradecer a Maki su hospitalidad.


